“Si tuviera que definir lo que es el teatro argentino de vanguardia, diría que es el esfuerzo de unos pocos autores o grupos de teatro por romper con las formas deterioradas del teatro naturalista, por reencontrar un teatro y una imagen nuestras por encima de una transcripción pedestre de la realidad que sólo nos expresa en nuestra dimensión más mínima” (1).
Griselda Gambaro.
Los momentos que más importancia tienen son aquellos que nos permiten generar otras posibilidades, otras oportunidades y no aquellos que arraigan los sueños en la espera ni los deseos en la postergación de su satisfacción, no; los instantes que más importancia tienen son aquellos que arrebatan la venda de los ojos y la mordaza al silencio para terminar viendo lo que siempre se imaginó y para dejar de atragantarse con el grito del estoicismo social, en el orden de lo políticamente correcto, que es lo que Griselda Gambaro hace al escribir Penas sin importancia, tomando Tío Vania de Antón Chéjov, como referencia para romper con las formas deterioradas del teatro naturalista, por reencontrar un teatro y una imagen nuestras por encima de una transcripción pedestre de la realidad que sólo nos expresa en nuestra dimensión más mínima.
Esta confrontación entre el burgués rural, el aislado cultural y geográficamente, y algunas penetraciones ideológicas del mundo occidental, hace que se expongan las más tímidas e íntimas miserias del ser humano: vidas despilfarradas, demolidas o desoladas, calcos sobre la desesperanza, la anomia y la impotencia del enojo sin par ni partener.
Este universo en el que Antón Chéjov consigna de la forma más desopilante y amoral una época mísera en la clase obrera y representada por los campesinos dada por la represión de los zares, es la que en Penas sin importancia la dramaturga se sujeta y de la que se alimenta para reescribir un universo paralelo.
Penas sin importancia es una propuesta elaborada sin espacios para la casualidad y basada en el uso de un humor inteligente, jaspeada por una fragmentación discursiva y un juego de contradicciones puestas en discrepantes y diferentes niveles espacio-temporales, da cuenta de aquel universo chéjoviano de ambiciones fracasadas como el matrimonio o el amor en ambigüedades dialógicas o referenciales que resaltan la incompletud de estas vidas dignas de sus heridas.
A Penas sin importancia, se trenza el mundo contemporáneo, al que se le desplomaron las instituciones sociales como el matrimonio y la familia forjadas con cartas marcadas que no dejaban lugar para la improvisación y menos para la equivocación; y se trenza las frustraciones y decepción que están en constante ebullición en la obra de Chéjov, Tío Vania, que es con la que Griselda Gambaro apuntala su obra, dando múltiples características que, para su momento, parecían tan lejanas y que, sin embargo, dan a Penas sin importancia una actualidad caracterizada por lo perdurable, lo inmutable y lo impredecible.
Griselda Gambaro da a su personaje Rita, la tarea titánica de ser quien detone el movimiento telúrico a sus vidas para que cambien, se transformen, se logre una metamorfosis que desde la evasión de Pepe, el conformismo de Andrés y la resignación de Sonia, parece imposible dar y llevar a un devenir el estado de las cosas deterioradas ya, por la costumbre.
En el texto Una dulce bondad que atempera las crueldades, la escritora Evelyn Picon Garfield, acierta cuando dice: “No creo que el drama de Gambaro comparta con el teatro del absurdo la angustia metafísica de una condición existencial del ser humano. Al contrario, en su obra no padece un malestar cósmico indefinible, sino una brutalidad inherente y reconocible en las relaciones humanas”, por lo que en este sentido podemos decir que Penas sin importancia es una obra neovanguardista por sus puntos de articulación e intención con la obra Tío Vania, llevándola hacia otra dirección donde lo económico, lo social y lo ético se imponen a lo ontológico.
Sólo por poner un ejemplo, la desidia en la que los personajes parecen sumergidos en la obra de Chéjov, en la de Gambaro es una herramienta o mejor, un arma de manipulación de los victimarios sobre sus víctimas, sin embargo, en Penas sin importancia, Rita toma esta misma arma y con ella genera rebelión, liberación y solidaridad con el otro: Sonia.
La intertextualidad calzada de forma precisa a la estructura del texto dramático de Griselda Gambaro, da pie para resaltar algunas de sus coincidencias y divergencias en diálogo con el texto de Chéjov. Veamos algunas (2):
En Tío Vania:
La vida es aburrida, tonta, sucia, absurda. El sacrificio actual no tiene sentido, nadie lo agradecerá en el futuro (Astrov).
En Penas sin importancia:
La vida es aburrida:
Pepe –Una vida de mierda. Eso tenemos… Es… aburrido todo, cerrado. Vos trabajás todo el día, y ni podés cuidar un malvón! (124).
En Tío Vania:
Importancia de los sentimientos auténticos: es inmoral tratar de ahogar dentro de uno mismo la juventud y el sentimiento (Vania a Elena).
En Penas sin importancia:
Importancia de los sentimientos: el título de la obra enmascara la siguiente ironía:
Elena A. –¿Qué sabés? Es cierto, quizás esté un poquito enamorada de Astrov. No tiene ninguna importancia.
Sonia –Son tus sentimientos los que no tienen importancia! (134).
En Tío Vania:
Pérdida de valores (denuncia): fidelidad, pureza, capacidad de sacrificio (Elena).
En Penas sin importancia:
Valorización de la fidelidad por sobre la infidelidad (Rita, 105).
En Tío Vania:
Importancia del trabajo:
Una vida ociosa no puede ser límpida (Astrov). El aburrimiento y la ociosidad son contagiosos (Sonia).
En Penas sin importancia:
Importancia del trabajo: cita textual de las palabras de Astrov (107). No es justo que unos trabajen para otros, mientras estos se dedican al ocio (Rita, 136).
En este devenir en el que Griselda Gambaro logra concebir un universo dentro de otro universo como una metáfora de lo real y usando como pretexto una obra del siglo XX, es al tiempo un constructo que apunta a la declaración de una verdad política y social como en la que ahora mismo, pleno siglo XXI, se debate la mujer en su lucha por el reconocimiento de sus derechos y capacidades que tradicionalmente sólo han estado reservados para el hombre; siendo así, consecuente y de una reveladora consciencia sobre su forma y contenido de adoptar el teatro y adaptarlo a la contemporaneidad.
Su sentido de compromiso con la realidad y el teatro, y la función del dramaturgo, quedó publicado en el artículo “Por qué y para quién hacer teatro” en la revista Talía - 1972 (3):
“No está en la naturaleza del teatro ser políticamente revolucionario, es una experiencia vital y no se encuentra separada de los conflictos como para dar respuesta: está en medio del conflicto [...] la respuesta del teatro a los conflictos (sean sociales, políticos, humanos) es apasionada e implícita, no didáctica.
No puede cambiar las estructuras sociales o políticas, y esta imposibilidad no es un tanto en contra del teatro, las estructuras cambian con la acción social o política, y creo que si uno piensa a tal punto que la salvación o la vitalidad del teatro dependa de que tenga influencia en el cambio de estructuras, debe abandonar el teatro y acelerar ese cambio por otros medios.
Toda creación es un acto de adhesión y de rechazo a la cultura, de adhesión y de rechazo al medio porque es un re-ordenamiento de la realidad. Y es a este nivel que el teatro es profundamente revolucionario”.
Penas sin importancia es uno de los ejemplos en el trabajo de Griselda Gambaro en el que por yuxtaposición y traslación dramatúrgica corta de tajo los conceptos aristotélicos, exigiendo un receptor, llámase espectador o lector, libre e independiente de todo prejuicio; donde lo realmente importante es sacar la venda de los ojos y arrebatarle la sumisión a los personajes ante el estoicismo social y lo políticamente correcto, es “estar en medio del conflicto” generando de un devenir creativo, teatral y social un paradigma sobre “lo cotidiano”; definir el teatro de Griselda Gambaro es definir un teatro que se gesta, crece y se expande en las entrañas mismas del conflicto social y político, haciendo, tal vez no una defensa, pero si una relevancia artística, creativa y ética que suma al rompimiento constante de las formas caducas y malogradas del teatro anclado, antes en el naturalismo, ahora en la “prostitución comercial”, buscando siempre reencontrar desde el centro mismo del conflicto teatral la transcripción simple y llana de la realidad a la que todos desvalorizan y creen sin importancia.
(1) GAMBARO, Griselda. “Teatro de vanguardia en la Argentina de hoy”, Universidad. N°81 (Julio-Diciembre 1970), 309.
(2) GARDEY, Mariana. "Tío Vania según Griselda Gambaro: penas sin importancia: del “podría haber sido” al “puede ser”". La revista del CCC. Septiembre / Diciembre 2008, n° 4.
(3) FUENTES, Manuel. A través de la vanguardia hispanoamericana. Ed. Uni. Rovira i Virgili. España. 2012
(4) Con sincero agradecimiento a la profesora Laura Yusem, guía de esta reflexión apenas y sin penas con importancia.
(5) Las imágenes son fotografías encontradas y traídas a este texto de la Internet.