martes, 22 de diciembre de 2015

Comentario suelto # 1.

Si sabemos que al Teatro lo caracteriza su condición de arte efímero porque simplemente no vuelve a suceder, porque cada función es un instante repetido en sí mismo desde su diferencia, un ritual, un puñado de vida que nace y muere como un mismo acontecimiento, ¿por qué como espectadores no nos preparamos para ello, para ser espectadores?
Si sabemos esto del Teatro, ¿por qué la disposición que debe tener un espectador es tan equivocada en repetidas ocasiones?
Eso de tener la capacidad, por poco la facultad, la actitud, el respeto o como quiera llamarse, para ver una obra de Teatro, es de esos temas de los que nadie habla porque se supone que todos somos conscientes de ello, sin embargo, no falta el que toque la puerta después de iniciada la función, el que apaga el celular sólo en el momento en el que le hacen una llamada y después de contestar para explicar que está en plena obra de Teatro y que debe hacer silencio, lo pone en vibrador y ni se inmuta. Tampoco falta a quien, después de haber comido paquete y medio de papitas con gaseosa en la sala, sienta necesidad de ir al baño y vaya y vuelva del baño, y así un largo etcétera. Ninguna de estas situaciones es una buena disposición para ver una propuesta artística en la que son más vulnerables los que están sobre el escenario que los que somos espectadores resguardados por la oscuridad entre las butacas como si de un burladero se tratara.
El punto es que hay que hablarnos de la disposición que tenemos para ir a ver una obra de Teatro, revisar nuestro ritmo circadiano, estados físico, mental y emocional para así tener la convicción de elegir entre Teatro y cine con crispetas, o entre Teatro y bar con cerveza, o entre Teatro y la cálida comodidad sin afán del hogar, y si es para ir con otra u otras personas debe ser un tema para abordar en el transcurso de la semana y no una o dos veces, debe hablarse varias veces.

Ir a ver una obra de Teatro no debería ser así de complicado. Ser público espectador debe ser tan simple como ocupar una butaca, disfrutar del espectáculo y salir de la sala de teatro a comentar o no si hubo o no conexión estética con la obra, pero afuera de la sala y ya terminada la obra, pero hay un público que no sabe Ser y mucho menos Hacer de espectador, y es para estos últimos esta nota dictada por mi abuela que cuando salió de una obra de Teatro comentó que muchas veces, cada obra merece su público, pero que otras veces, hay un público que avergüenza y por el que habría que decir por favor y gracias y perdón a quienes dejaron el pellejo sudoroso sobre la madera del escenario. Bueno, puede que mi abuela no lo haya dicho exactamente así, pero fue lo que quiso decir y tiene toda la razón.

lunes, 21 de diciembre de 2015

Un simple desatragantamiento.

Al quehacer Teatral le va haciendo daño tanta academia, de tanto conceptualizarlo lo van a transparentar, va a pasar de poder verse a simplemente leerse pero ya no en aquellos libros con los que uno podría tropezarse con Aristófanes, Sófocles, Artaud, Beckett o Arrabal, sino con libros como de matemáticas básica llenos de "ecuaciones de puesta en escena", "matrices en la caracterización de un personaje", "series de ejercicios para el acercamiento al acontecimiento", siendo este: Ø, el símbolo principal y reiterativo.
Libros, creaciones e imaginaciones llenas de fórmulas y conceptos, conceptos, conceptos y fórmulas que sólo se encuentran en los libros arrebatando lo sensible al Teatro como si en lugar de sudor se pusiera en la escena un concepto, como si en lugar de la experimentación, el descubrimiento, la creación y el orgasmo, se pusiera simplemente una fórmula: derecha, izquierda, derecha, izquierda, derecha, izquierda, eso, el movimiento de péndulo de los brazos se hace en oposición al paso a paso de las piernas, exacto, ahora levanta el mentón, así, haz una mueca, ponle un tic, muy bien, ya tienes un personaje.
El actor, por ejemplo, desahuciado como acontecimiento Teatral hace mucho que es modelo, prótesis de las nuevas tecnologías exhibidas en un escenario, prótesis del consumismo.

No está mal que Edipo en lugar de ojos se saque sus lentes de contacto azules o que Yerma haya decidido abortar o que Godot llegue en clase ejecutiva con cereal light en lugar de zanahorias, no está mal si no fueran simples y recalcitrantes conceptos académicos.