Si sabemos que al Teatro
lo caracteriza su condición de arte
efímero porque simplemente no vuelve a suceder, porque cada función es un
instante repetido en sí mismo desde su diferencia, un ritual, un puñado de vida
que nace y muere como un mismo acontecimiento, ¿por qué como espectadores no
nos preparamos para ello, para ser espectadores?
Si sabemos esto del
Teatro, ¿por qué la disposición que debe tener un espectador es tan equivocada
en repetidas ocasiones?
Eso de tener la capacidad,
por poco la facultad, la actitud, el respeto o como quiera llamarse, para ver
una obra de Teatro, es de esos temas de los que nadie habla porque se supone
que todos somos conscientes de ello, sin embargo, no falta el que toque la
puerta después de iniciada la función, el que apaga el celular sólo en el
momento en el que le hacen una llamada y después de contestar para explicar que
está en plena obra de Teatro y que debe hacer silencio, lo pone en vibrador y ni se inmuta. Tampoco falta a quien, después de haber comido paquete y
medio de papitas con gaseosa en la sala, sienta necesidad de ir al baño y vaya y vuelva del baño, y así un
largo etcétera. Ninguna de estas situaciones es una buena disposición para ver
una propuesta artística en la que son más vulnerables los que están sobre el
escenario que los que somos espectadores resguardados por la oscuridad entre
las butacas como si de un burladero se tratara.
El punto es que hay
que hablarnos de la disposición que tenemos para ir a ver una obra de Teatro, revisar
nuestro ritmo circadiano, estados físico, mental y emocional para así tener la
convicción de elegir entre Teatro y cine con crispetas, o entre Teatro y bar
con cerveza, o entre Teatro y la cálida comodidad sin afán del hogar, y si es
para ir con otra u otras personas debe ser un tema para abordar en el
transcurso de la semana y no una o dos veces, debe hablarse varias veces.
Ir a ver una obra
de Teatro no debería ser así de complicado. Ser público espectador debe ser tan
simple como ocupar una butaca, disfrutar del espectáculo y salir de la sala de
teatro a comentar o no si hubo o no conexión estética con la obra, pero afuera de la sala y ya terminada la obra, pero
hay un público que no sabe Ser y mucho menos Hacer de espectador, y es para
estos últimos esta nota dictada por mi abuela que cuando salió de una obra de
Teatro comentó que muchas veces, cada obra merece su público, pero que otras
veces, hay un público que avergüenza y por el que habría que decir por favor y
gracias y perdón a quienes dejaron el pellejo sudoroso sobre la madera del
escenario. Bueno, puede que mi abuela no lo haya dicho exactamente así, pero
fue lo que quiso decir y tiene toda la razón.
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