“Un hombre inculto puede lograr éxitos
escribiendo para teatro; un hombre culto también, pero a condición de que sepa
olvidarse de su cultura.”
Enrique Jardiel
Poncela
A modo de advertencia,
este texto se origina por una desazón existencial tras la inexistencia casi
[adverbio que salva de lo absoluto], casi total de dramaturgos en esta Medellín
tan vanguardista y contemporánea en el campo teatral [sic], punto.
Abreviación que le
avisa o le evita al respetado lector, un sufrimiento del que no tiene que
hacerse cargo y que finalmente logré desatascar a modo de paliativo ante la
obvia y llana realidad tecleando este apunte que resultó después de escarbar en
esta “ciudad teatral” y encontrarme con muy pocos y reales dramaturgos/as, y
suma al desconcierto que de estos pocos y reales dramaturgos son aun pocos los
que tienen su obra en la escena, excepto por quienes dirigen y/o actúan sus
propios textos porque a lo mejor nadie más que ellos mismos los hacen sentirse
tan vivos creando sus propios monstruos y doncellas, porque nadie más que ellos
mismos pueden fabular y traicionar sus propios miedos, nadas y olvidos, porque
nadie más que ellos mismos saben cómo sobrevivir a “su” realidad, ¿nadie más
que ellos mismos?
Entonces,
sí hay dramaturgos ¡claro!, los mismos tres o cuatro de siempre [algunos
Maestros vivos con migas de olvido en sus hombros] y dos o tres que hace poco están
sorteando las pugnas y controversias inherentes a este quehacer; y es que en
esta ciudad hace falta más de aquel dramaturgo que como Borges escriba porque siente
que cumple una función necesaria para sí mismo porque si no escribe sentiría
desventura y remordimiento o que sencillamente como Ionesco, escriba porque se
dio cuenta de que la santidad no le es accesible, por lo que decide ser
escritor y despreciar los arquetipos literarios, sin embargo, el dramaturgo aún
discrepa con el paisaje en el que ya son consustanciales los poetas, los cuentistas
y los novelistas, por ejemplo; por lo que me pregunté: ¿y sí no son
“dramaturgias” lo que ponen en la escena los más de treinta grupos de las artes
escénicas que transitan y habitan esta “ciudad teatral”, entonces, qué es? A lo
que me respondí un “por supuesto que son dramaturgias”, pero todavía gravitando
alrededor de limitados modelos dramatúrgicos, arquetipos soportados bajo
figuras como la adaptación o la versión libre de novelas, cuentos, poesías,
biografías o re-escrituras dramatúrgicas de obras creadas por otros dramaturgos
como Miller, Müller, Liddell, Chejov, O’Neill, Shakespeare, Pirandello, Brecht,
Gambaro y un largo etcétera en el que he visto a propios y extraños zambullirse
buscando qué propuesta llevar a la escena ¡qué no está mal! Pero, ¿Y “nuestros”
dramaturgos? ¿Si hay y están escribiendo por qué sus obras no hacen parte de la
cartelera teatral? ¿Qué están escribiendo? Pregunto por aquellos que como
Fonseca en su ejercicio de escribir, sólo escribir, se descubren a veces
aburridos, desesperados y siempre fatigados, perseverando porque es difícil
abandonar un trabajo cuyo aprendizaje exige tanto tiempo y esfuerzo, ¿o será
por esto que no los hay tanto?
Puede ser verdad
que ahora el teatro esté amurallado [en el buen sentido de la palabra] por las
más diversas, polisémicas y experimentales dramaturgias, tras reconocer grafías
cinestésicas y trazos sinestésicos como parte fundamental en este arte, oficio
y técnica de urdir universos para el aquí
y el ahora del acontecimiento teatral [“verdad” que no es tan nueva si, al
menos, tenemos en cuenta a Artaud, que concibe la escena misma como punto de
partida y no como un lugar de simple imitación o transcripción], destrozando en
microscópicos fragmentos aquella unidad léxica compuesta por uno o varios
sonidos articulados con un significado [muchas veces desalojado y nómada si
consideramos que “representar” es “desplazar”] para una primera concepción de
la escena: la palabra, de la que apenas queda vestigios en semióticas
corporales [dramaturgia del actor], mixturas contemporáneas en las que
convergen/divergen los más insospechados sucesos [dramaturgia del director], estructuras
de fácil vulneración y de provocadoras transgresiones deviniendo teatralidad [dramaturgias de
grupo, escenográficas, luminotécnicas, de vestuario, musicales o espacios no convencionales] y celebro todo este laboratorio de la teatrología surgido
por la interacción de teatristas y
teóricos, pero, y los escritores de teatro, es decir, los dramaturgos propiamente
dichos en la antigua acepción restrictiva del término: autores que crean sus textos
antes e independientemente de la labor de dirección o actuación a los que
apunta Dubatti y por los que en mí anida esta desazón existencial por la casi
inexistencia de dramaturgos propios en la cartelera teatral de nuestra ciudad,
entonces, puede ser que sí hayan muchos dramaturgos, puede ser que lo que pasa
es que no hay apoyo por parte de los grupos de teatro, puede ser…
* Texto escrito para CUARTA PARED @pcuartapared
http://programacuartapared.com/index.php/leer/item/46-donde-estan-los-dramaturgos-opinion-mario-sanchez
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