Al
quehacer Teatral le va haciendo daño tanta academia, de tanto conceptualizarlo lo van a transparentar, va a pasar
de poder verse a simplemente leerse pero ya no en aquellos libros con los que uno podría
tropezarse con Aristófanes, Sófocles, Artaud, Beckett o Arrabal, sino con
libros como de matemáticas básica llenos de "ecuaciones de puesta en escena", "matrices en la caracterización de un personaje", "series de ejercicios para el acercamiento al acontecimiento", siendo este: Ø, el símbolo principal y reiterativo.
Libros, creaciones e imaginaciones llenas de fórmulas y conceptos, conceptos, conceptos y
fórmulas que sólo se encuentran en los libros arrebatando lo sensible al
Teatro como si en lugar de sudor se pusiera en la escena un concepto, como si
en lugar de la experimentación, el descubrimiento, la creación y el orgasmo, se
pusiera simplemente una fórmula: derecha, izquierda, derecha, izquierda,
derecha, izquierda, eso, el movimiento de péndulo de los brazos se hace en
oposición al paso a paso de las piernas, exacto, ahora levanta el mentón, así, haz una mueca, ponle un tic,
muy bien, ya tienes un personaje.
El
actor, por ejemplo, desahuciado como acontecimiento Teatral hace mucho que es
modelo, prótesis de las nuevas tecnologías exhibidas en un escenario, prótesis
del consumismo.
No
está mal que Edipo en lugar de ojos se saque sus lentes de contacto azules o
que Yerma haya decidido abortar o que Godot llegue en clase ejecutiva con
cereal light en lugar de zanahorias, no está mal si no fueran simples y
recalcitrantes conceptos académicos.
De acuerdo, a mucha gente de teatro le está faltando alma. Mucha pose, mucha marca y poco sudor. Vemos muchos egresados haciendo solo BTL. La "profesionalización" está matando la pasión. Ahhh... la vida que huyes del escenario.
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