“Es, pues, el arte una actividad de
liberación. ¿De qué nos libera? De la vulgaridad.
Yo no sé lo que tú pensarás, lector;
pero para mí vulgaridad es la realidad de todos los días.”
José Ortega y Gasset
¿A dónde ha ido a parar el público que era capaz de
discriminar y elegir? Es una pregunta que, aunque endosada a Bukowski, nos la
hacemos todos los que estamos vinculados en la oferta del arte: el escritor por
el lector, el músico por su audiencia, el cine y el teatro por sus
espectadores, y estamos de acuerdo que es una pregunta egocéntrica, aunque como
creadores somos conscientes de que hay obras que hacemos para el público y hay
obras que hacen su propio público; Duchamp decía que contra toda opinión, no
son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros, buena
observación, si tenemos en cuenta que el público es más agudo y perspicaz de lo
que él mismo cree, aunque hay quienes sugieren no decírselo porque se haría más
acerado en su apreciación y crítica, algo que estaría bien, ser crítico, migaja
que lamentablemente ha venido perdiendo, haciendo que de igual forma el arte se
esté alojando en la complacencia, a todas luces un arte carente de osadía
creativa.
Pero no nos vayamos lejos y no dilapidemos el hecho
de que usted ha llegado hasta esta línea, por lo que le invito a interpelar su
cercanía con el arte. Ante la pregunta de Bukowski podríamos decir que el
público/espectador está en todas partes y no tendríamos que leer la obra de
Ortega y Gasset para inferir que el espectador ante una manifestación artística
llega y pasa, trastoca las ambiciones del creador, hace que todo ante él se
estremezca y oscile, trasmute y huya, se renueve, permute y emigre. En tanto la
obra inerme en un torrente de tiempo, busca sobrevivir a la excesiva precisión
con que el lenguaje contemporáneo la galvaniza hasta el paroxismo con
abstracciones técnicas y conceptuales, no tanto para evitar su desaparición,
sino para aderezar su caída en la sosería mercantilista o en esta pequeña
capital en la que hay tanto Magíster en el arte dramático o de la
representación teatral, ¿dónde están haciendo teatro? Simple pregunta retórica.
¿Y qué sobre discriminar y elegir? Dígame quién no
ha tenido situaciones en las que por vivir un buen momento prescinde de la
sensatez o circunstancias en las que se resiste a no perder la lucidez a cambio
de sobrevivir a un posible buen momento, quién no, sin embargo, y ya sea hacia
uno u otro donde apunte nuestro deseo, nos tenemos que confrontar con una
realidad coyuntural e ineludible: hay que tomar una decisión, y lo más difícil
al tomar una decisión [además de tener que tomarla] es que sobre lo que vamos a
decidir no tenemos ni idea, razón por la que en muchas ocasiones nuestra
determinación queda al margen del marketing desarrollado por el comercio
electrónico, ventas por Internet, redes sociales o el aún sobreviviente voz a
voz, ya desahuciado por el Whatsapp, ahora, si hay personas que lo hacen para
discriminar y elegir Presidentes y Gobernadores e incluso para elegir posibles
relaciones sentimentales, no se va a usar para discernir y elegir, por ejemplo
entre ir a teatro o a cine. Así que yo le pregunto a usted, ¿hace cuánto no va
a teatro o a cine? Y podría preguntar por su última visita al museo o su último
concierto, pero es que el teatro y el cine son tan cercanos como que uno está
al extremo del cordón umbilical del otro, bastaría recordar el trabajo del
ilusionista y cineasta Georges Méliès con su puesta en escena llena de
trucajes, sobreimpresiones y sistemas mecánicos como si de una Deus ex machina
se tratara; puesta en escena a la que Méliès le suma un bioscopio, aparato
parecido al Cinematógrafo de los hermanos Lumière, como único “espectador” de
esa vulgaridad a la que alude Ortega y Gasset, y que es con el que, por un
error fortuito, descubre lo que llaman en el cine paso de manivela, la base del
cine de animación , y lo que para mí es la primera aleación entre el cine
primigenio y el teatro milenario, para muchos es polvo adherido a la tinta seca
de la Historia, así de cercanos son para mí el teatro y el cine.
Pero la pregunta es: ¿Qué es lo que tengo que
discernir para elegir como espectador si ir a cine o a teatro? Sabemos que son
lenguajes diferentes que siguen de forma obstinada cotejándolos,
equiparándolos, equivocadamente los siguen midiendo longitudinalmente con la
misma escuadra. Yo voy a proponerle una respuesta que no tiene características
de indivisa e imparcial, sobretodo porque yo vivo por y para el teatro, además,
soy de los que tienen en cuenta que nadie está obligado al arte en general ni
al teatro en particular ni a su gusto por él, que el teatro o cualquier
manifestación artística, está hecho para ser amado u odiado y no necesariamente
para ser comprendido, y podría decir lo mismo del cine.
La respuesta: El prejuicio. El prejuicio es lo
que tengo que desollar, lo que tengo que escoriar, ulcerar, obligándome a su
despojo, creo que tenemos que prescindir del prejuicio, que en su sentido más
reducido es aquel comentario u opinión sin argumentos, el prejuicio es el
trebejo más usado para poner bajo nuestro control aquellas obras que creemos
que tenemos que comprender.
El prejuicio pone contra el paredón al cine y
todavía más al teatro, los pone si no en el paredón en un cadalso que gravita
entre argucias o artimañas académicas y conceptuales que estrangula la
contemplación platónica en la búsqueda de realidades superiores, y digo que más
al teatro que al cine porque el cine en esta urbe tiene mejor recibimiento y
eso que si es local tiene otro tinte y bien desteñido, por ejemplo y
especulemos, hay quienes les gusta las películas sobre la guerra, nada más este
año 2016 en la nominación a mejor película de habla extranjera en los premios
Óscar, compiten con la película colombiana El abrazo de la serpiente (2015),
una sobre el holocausto nazi, Son of Saul (El hijo de Saúl, 2015) de Hungría y
otra sobre el conflicto de Afganistán, Krigen (Una guerra, 2015) de Dinamarca,
y podríamos pensar en otros títulos que no necesariamente están tildados por
los premios Óscar, sino por el Oso de oro en Alemania o los Premios Goya en
España o los Ariel en México, ¿conocía estos premios? Es a lo que me refiero
con el prejuicio, ¿antes de la nominación a los Óscar había visto o tenía
pensado ver la película de Ciro Guerra?
Ahora, ya hablando de teatro, que si es local
tiene otro tinte y bien desteñido, por ejemplo y especulemos, si a usted le
gusta el cine sobre la guerra sepa que hay teatro sobre el conflicto armado en
Colombia, ha visto, por ejemplo el trabajo que hace Victoria Valencia y su
grupo La mosca negra en Cindy, la niña que no pudo ver la próxima salida del
sol o el trabajo de Félix Londoño con El Trueque y su versión de Antígona, El
insepulto o yo veré qué hago con mis muertos, sepa excusarme, pero vio el
trabajo de John Viana con Elemental Teatro basado en un poema de la polaca Wisława
Szymborska, De la muerte sin exagerar o un cielo bajo tierra, finalmente, ya
vio La casa grande del Matacandelas bajo la dirección de Cristóbal Peláez,
propuesta basada en la obra homónima escrita por Álvaro Cepeda Samudio...
No sé cuántas salas para proyección de cine hay,
pero basta saber que el 90% están en centros comerciales y que es su
programación tan variada como la de teatro que tiene alrededor de 25 salas en
la que cada una puede presentar, además de su propio grupo – porque la mayoría
lo tiene –, grupos “sin sala” que llegan de todas partes de la ciudad y del
país.
Esta no es sólo una invitación para ir a teatro,
pero puedo poner sobre la balanza todo tipo de diferencias semióticas y
semiológicas, filosóficas e ideológicas incluso diferencias tecnológicas y la
oferta en la cartelera del teatro local rompe a trozos pequeños la cartelera de
cine, si nos despojamos del prejuicio.
Les aseguro que disfruté tanto como ustedes
cuando vi Monsters, Inc. (2001) o Buscando a Nemo (2003) o Del revés (Inside
Out, 2015) que llamaron Intensa-mente, pero ¿ya conocen el trabajo de Manicomio
de muñecos o el de La Fanfarria o Barra del silencio?
¿Les gustó Agosto (2013) película sobre el
conflicto de la familia Weston, protagonizada por Meryl Streep y Julia Roberts,
entre otros? Pues, tendrían que ver la propuesta de la Compañía Teatriados,
Comedia salvaje, lo importante es que estemos todos juntos. Y como en el cine
en el teatro encontramos suspense, comedia, drama, animación.
Esta es una invitación para que nos despojemos
del prejuicio por lo que tendríamos más ángulos y planos diferentes para
discriminar y elegir sobre cualquier experiencia que queramos tener libremente.
La ignorancia está menos lejos de la verdad que
el prejuicio, Diderot.
Lo que sí es indubitable es que el teatro
imperturbable en su esencia dionisíaca es ritual, a diferencia de la imagen
digital que se repite ad infinitum.
El teatro sabe y entre más teatro más
convulsiona bajo nuestros pies, vivo.
Artículo publicado originalmente para CUARTA PARED
http://programacuartapared.com/index.php/inicio
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