sábado, 2 de abril de 2016

JHONNY O JONATHAN NOEL

Texto escrito por solicitud de Barra de Silencio y hecho con afecto sincero.

            Con Jhonny, el personaje de UFF… SIN ALIENTO (2005), me sentí vulnerado, desvalido, bueno, tal vez no tan indefenso, pero sí impotente ante lo difícil que es, a veces, darnos cuenta cuando pasamos de la monotonía a la costumbre y de ésta al hábito; ya Flaubert nos advertía que al llegar a viejos las costumbres se vuelven tiranías o se tornan necesidad si tomamos las palabras de San Agustín, pero da igual, porque lo importante es que no nos damos cuenta hasta que de pronto, nos llega al tuétano una pequeña y fría corriente de aire o somos el vestigio de un posible aleteo de mariposa o un gran trozo de madera desgajada de cualquier balcón nos descose el juicio como a un Bergerac cualquiera.
Ahora mismo, Jhonny, un personaje que parece ir de fachada en fachada con su “Sombra” como única compañía, me recuerda a Jonathan Noel, otro personaje, pero éste en el cuento de Süskind, que es arrebatado, despojado de su vida euclidiana por una paloma, haciéndose su vida un harapo existencial como a Jhonny, que es un Sísifo urbano, y no porque cualquier parecido con la realidad sea siempre pura coincidencia, también le es arrancada de su día a día su inalterable, en apariencia, cotidianidad.
Jhonny asomado desde su burladero de la soledad, sortea el azar, el destino, lo que fracasa, atesorando esa palabreja con la que se carea borrascas de todo tipo en una sociedad como ésta que es tan parecida a la “de siempre”: la esperanza; tal vez y sin saberlo, Jhonny se arrebuja en esa desesperanza que Maeterlinck describe como fundada en lo que sabemos, que es nada, pero que dice también sobre la esperanza, esa palabreja que atesora Jhonny desde su burladero/fachada, que es sobre lo que ignoramos, que es todo. Hasta que tropieza y Jhonny de bruces se da un “golpe de suerte”.
El trabajo de Barra del Silencio con Luís Correa, bajo la dirección de María Teresa Llano en la obra UFF… SIN ALIENTO, me permitió vivir un Universo en el que estamos tan sumergidos que dejamos de ver, y que en la piel y el sudor de Correa, Jhonny toma vida para darnos cuenta que, a veces, o somos un Jhonny o somos vecinos de un Jhonny.
Esta propuesta íntima, donde la escenografía principal puede ser la fachada de mi casa, donde hay toda una dramaturgia del actor interactuando con una partitura de silencios concatenados finamente con el gesto, es una propuesta que más para verla, es para vivirla.
Y no puedo dejar de anotar que en algún momento y no sé por qué razón, cuando vi la propuesta de Barra del Silencio sobre una fachada y atravesada por un personaje como Jhonny y su “Sombra” como única compañía, se me antojó algún intento telúrico de naturaleza real o ficticia, provocado por todo aquello que se recoge minuto a minuto hasta deshilvanar las costuras de la existencia y que al final de la puesta, cayera la fachada y apareciera: “Ahí tienen su hijueputa casa pintada”; no sé, pero esta frase que aparece al final de la película de Cabrera tiene algo de triunfo amalgamado con la desolación, una sensación parecida a la que tuve cuando el público aplaudió de pie el trabajo de Correa en UFF… SIN ALIENTO.

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