Ejercicio de escritura creativa # 1.
Acaso la ventana un fragmento
exánime del tiempo; un poco las sábanas tristes, tal vez, y otro poco
indulgentes; la alarma en silencio y la piel; el olvido y los remordimientos en
el sótano. Indeclinable adiós.
Primer paso sin
huellas ni camino, unos pies artríticos sobre migas de lluvia y pan inútil. Agua
sin sed en medio del cristal roto, pútrida; los dedos húmedos sin ganas y los
deseos sobre la mesa, genofóbicos; aliento desdentado, aliento a café, nicotina
y mierda, aliento sin aire, ¿Y ahora? La distancia entre el eco de las campanas,
¿Fácil, duele? No. Sí. Hoy, tus ojos
euclidianos y azules, cuadriláteros de ansiedades, luz angelical sobre mi
rostro, entre ceja y ceja hasta la raíz de mis pensamientos, ¿Dónde? Aquí
mismo, toda la vejez sola en un pecho sin vísceras, caja torácica djembey, y allí yo con los mismos
zapatos y tú con tus ojos euclidianos al final del camino, tan lejos. Segundo
paso.
Ahora el tercer paso,
pronto el cuarto y el quinto. Tu perfume beligerante sobre mi piel escoriada; lo
que para Yourcenar un costal para mí una mortaja de huesos dubitativos; sin
prisa tu aroma furtivo e impaciente hacia mí, ante mí, durante todo este yo tan
taciturno, jauría de adioses sin manos, ¿Sin manos? Sí, sin manos, sin dedos,
sin uñas, sin tierra en las uñas, sin tierra, pueblo ignorante. La sed, el
pánico, huesos huecos recodo de luciérnagas apagadas, adiós indolente. Antepenúltimo
paso.
Al fondo una claraboya
con moscardones arcoíris y el invierno de Vivaldi en pequeños alfileres hasta
el tuétano, el verbo sinónimo del silencio, el cadáver de un perro bajo la
lluvia ¿Y ese tren? ¿Cuál, ese? Sí, ese, también bajo la lluvia, ensangrentado,
La Historia de la humanidad, ¿Y aquella pira humana? Fénix, ¡No! Más allá ¡Ah!
Yo, bajo la yema de tus dedos ¡Qué lejos la jaula de su libre albedrío! Y este
cuerpo mazmorra tan proclive al abismo y los gusanos, ¿Y ahora? La hora
trémula, diástole y sístole, dos lobos a dentelladas, días entre el ocaso y la
alborada. En una millonésima de segundo toda la vida, toda la vida en una de
tus manos, la muerte instante eterno, otro paso, ¿Y el cinco y el siete? ¿Para
qué? Tregua, perdón, mi bocabeso, cómo llueves. Tal como un relámpago sin
trueno, callejones sin salida; mi sombra frágil en el dorso de tu mano, eterno
espiral hacia una tráquea sin palabras; tu nombre instinto indiferente de mi
silencio, ¿Qué es eso? Pink Floyd, anacronías de tu cintura. Penúltimo paso.
Virgilio en la
puerta, en su bolsillo la pipa de Magritte, en su mano derecha un gato totémico
con escamas de almizcle y en su mano izquierda la simetría cuadrilátera y azul
de tus ojos, un sinnúmero de palabras aladas en el lugar de tus pestañas. Ya no
hay eco ni campanas. Las bisagras un poco mustias y taciturnas, bordes del
tiempo y del sueño final o del final del sueño ¿Tiresias o Edipo? ¿Los ciegos?
Sí, precio de/por tu boca, tierra en mi boca; de/por la orla de tu vestido el
borde de mis angustias, Edipo, ¿Edipo? Sí, Edipo ¿Por qué? Sus cuencas vacías
son consonantes orgasmos. Paso final. ¿Y ahora? Batiscafo de tu abismo.