jueves, 21 de abril de 2016

PALINGENESIA

Ejercicio de escritura creativa # 1.


Acaso la ventana un fragmento exánime del tiempo; un poco las sábanas tristes, tal vez, y otro poco indulgentes; la alarma en silencio y la piel; el olvido y los remordimientos en el sótano. Indeclinable adiós.

Primer paso sin huellas ni camino, unos pies artríticos sobre migas de lluvia y pan inútil. Agua sin sed en medio del cristal roto, pútrida; los dedos húmedos sin ganas y los deseos sobre la mesa, genofóbicos; aliento desdentado, aliento a café, nicotina y mierda, aliento sin aire, ¿Y ahora? La distancia entre el eco de las campanas, ¿Fácil, duele? No. Sí. Hoy, tus  ojos euclidianos y azules, cuadriláteros de ansiedades, luz angelical sobre mi rostro, entre ceja y ceja hasta la raíz de mis pensamientos, ¿Dónde? Aquí mismo, toda la vejez sola en un pecho sin vísceras, caja torácica djembey, y allí yo con los mismos zapatos y tú con tus ojos euclidianos al final del camino, tan lejos. Segundo paso.

Ahora el tercer paso, pronto el cuarto y el quinto. Tu perfume beligerante sobre mi piel escoriada; lo que para Yourcenar un costal para mí una mortaja de huesos dubitativos; sin prisa tu aroma furtivo e impaciente hacia mí, ante mí, durante todo este yo tan taciturno, jauría de adioses sin manos, ¿Sin manos? Sí, sin manos, sin dedos, sin uñas, sin tierra en las uñas, sin tierra, pueblo ignorante. La sed, el pánico, huesos huecos recodo de luciérnagas apagadas, adiós indolente. Antepenúltimo paso.

Al fondo una claraboya con moscardones arcoíris y el invierno de Vivaldi en pequeños alfileres hasta el tuétano, el verbo sinónimo del silencio, el cadáver de un perro bajo la lluvia ¿Y ese tren? ¿Cuál, ese? Sí, ese, también bajo la lluvia, ensangrentado, La Historia de la humanidad, ¿Y aquella pira humana? Fénix, ¡No! Más allá ¡Ah! Yo, bajo la yema de tus dedos ¡Qué lejos la jaula de su libre albedrío! Y este cuerpo mazmorra tan proclive al abismo y los gusanos, ¿Y ahora? La hora trémula, diástole y sístole, dos lobos a dentelladas, días entre el ocaso y la alborada. En una millonésima de segundo toda la vida, toda la vida en una de tus manos, la muerte instante eterno, otro paso, ¿Y el cinco y el siete? ¿Para qué? Tregua, perdón, mi bocabeso, cómo llueves. Tal como un relámpago sin trueno, callejones sin salida; mi sombra frágil en el dorso de tu mano, eterno espiral hacia una tráquea sin palabras; tu nombre instinto indiferente de mi silencio, ¿Qué es eso? Pink Floyd, anacronías de tu cintura. Penúltimo paso.

Virgilio en la puerta, en su bolsillo la pipa de Magritte, en su mano derecha un gato totémico con escamas de almizcle y en su mano izquierda la simetría cuadrilátera y azul de tus ojos, un sinnúmero de palabras aladas en el lugar de tus pestañas. Ya no hay eco ni campanas. Las bisagras un poco mustias y taciturnas, bordes del tiempo y del sueño final o del final del sueño ¿Tiresias o Edipo? ¿Los ciegos? Sí, precio de/por tu boca, tierra en mi boca; de/por la orla de tu vestido el borde de mis angustias, Edipo, ¿Edipo? Sí, Edipo ¿Por qué? Sus cuencas vacías son consonantes orgasmos. Paso final. ¿Y ahora? Batiscafo de tu abismo.

sábado, 9 de abril de 2016

SIN IMPORTAR LO QUE DIGAN

Antes de hacer una crítica a una obra de teatro siempre he pensado que para el crítico es más saludable defender una buena obra, pero también es demasiado fácil minar con las palabras lo que otros han hecho dejando alma y sangre sobre las tablas, por muy merecido que esto sea; otro asunto es que las críticas terminan siendo lo que muchos piensan y quisieran decir, pero que por motivos de afecto, ignorancia o por evitar ser agregados a la lista de enemigos de alguien más, no las hacen, teniendo en cuenta que, casi siempre, las críticas sólo son desfavorables para quienes son criticados, sin importar lo que digan.
En la última propuesta que vi llamada “X” del grupo de teatro “X”, bajo la dirección y con la dramaturgia de “X”, me confirmó algo sobre lo que cada vez estoy más convencido: el nivel de expectativa con el que se vaya a ver una obra de teatro, muchas veces, es proporcional al nivel de desilusión con el que sales después de la misma, y creo entender que este fenómeno, el de la expectativa Vs desilusión, es resultado de una preocupación que tienen muchos grupos por estar más en las redes sociales como sí de un spam habláramos, que estar sobre las tablas ensayando.
A una obra de teatro hay que ir desprevenido, sin prejuicios, sin reloj, con el celular apagado, sin adelanto alguno en la medida de lo posible, todavía más ahora, que a las obras de teatro les están haciendo tráiler como si de una película de cine se tratara [que es diferente a editar un vídeo con fragmentos de la obra] o qué decir cuando ponen fotografías que ni tomadas por Guy Bourdin, y puede que no esté mal, sólo que me llama la atención porque son lenguajes que llegan a confundir al espectador, pues, en muchos casos no vemos ni en el vídeo ni en el poster, ni en los múltiples y repetidos comentarios posteados en las redes sociales, lo que realmente es la obra, no consiguen trenzar: fotografía/cine/teatro, que son lenguajes creativos diferentes y muy diferentes; entonces, cuando se está en la butaca esperando ver lo que le vendieron por youtube o el póster que había puesto en la puerta del bar o los 158 "me gusta", termina uno por sentirse timado, pues, nada de eso da a propios y ajenos las herramientas para tejer un posible acontecimiento teatral.
En esta propuesta que vi no hay conflicto, o sea, nada qué contar por muy ergotizados que estuvieran basando su teoría inspirada en la obra de Hans-Thies Lehmamn; los personajes, apenas asomados en el gesto de los actores y actrices, no tienen nada qué resolver, parecen “personajes” [que no se me escapen las comillas] traídos de los cabellos como evocaciones desfiguradas de presuntas imágenes en una posible vida real que aparecen en un pretexto dramatúrgico para exorcizar malestares y no conflictos, exorcizar gustos [y de muy mal gusto] y no estéticas.
Es una propuesta dispersa, llena de lugares comunes como comentarios y gags inconexos que parecen más buscar hacer reír al público que enriquecer lo que apenas y a duras penas brotaba como trama de una obra; con una puesta en escena que parece no creer en nada, burdamente cercana a ese tipo de representación objetiva y no idealizada de la realidad que es la del Realismo, diferente a la realidad con objetividad documental en todos sus aspectos como es la del Naturalismo, y que casi encontramos de alguna forma cerca de la invención en esta propuesta.
Es una propuesta a la que le falta el vértigo del teatro.


Pienso que el teatro no debe ser una simple réplica de la realidad, otro simulacro cualquiera, sino una poetización de la realidad por patética y cruel que sea ésta y la poesía misma. El quehacer teatral es para intentar otras posibles realidades en la escena o para llevar los bolsillos con buen dinero en efectivo, ya lo anotó alguna vez Woody Allen, el dinero no da la felicidad, pero procura una sensación tan parecida, sin embargo, mucho dinero no es sinónimo de dejar de ser pobre sobre las tablas y no veo ni hago teatro para sumar a ese exiguo y cancerígeno mundo de la obsolescencia programada en la que está cayendo el Teatro y el arte en general.

sábado, 2 de abril de 2016

JHONNY O JONATHAN NOEL

Texto escrito por solicitud de Barra de Silencio y hecho con afecto sincero.

            Con Jhonny, el personaje de UFF… SIN ALIENTO (2005), me sentí vulnerado, desvalido, bueno, tal vez no tan indefenso, pero sí impotente ante lo difícil que es, a veces, darnos cuenta cuando pasamos de la monotonía a la costumbre y de ésta al hábito; ya Flaubert nos advertía que al llegar a viejos las costumbres se vuelven tiranías o se tornan necesidad si tomamos las palabras de San Agustín, pero da igual, porque lo importante es que no nos damos cuenta hasta que de pronto, nos llega al tuétano una pequeña y fría corriente de aire o somos el vestigio de un posible aleteo de mariposa o un gran trozo de madera desgajada de cualquier balcón nos descose el juicio como a un Bergerac cualquiera.
Ahora mismo, Jhonny, un personaje que parece ir de fachada en fachada con su “Sombra” como única compañía, me recuerda a Jonathan Noel, otro personaje, pero éste en el cuento de Süskind, que es arrebatado, despojado de su vida euclidiana por una paloma, haciéndose su vida un harapo existencial como a Jhonny, que es un Sísifo urbano, y no porque cualquier parecido con la realidad sea siempre pura coincidencia, también le es arrancada de su día a día su inalterable, en apariencia, cotidianidad.
Jhonny asomado desde su burladero de la soledad, sortea el azar, el destino, lo que fracasa, atesorando esa palabreja con la que se carea borrascas de todo tipo en una sociedad como ésta que es tan parecida a la “de siempre”: la esperanza; tal vez y sin saberlo, Jhonny se arrebuja en esa desesperanza que Maeterlinck describe como fundada en lo que sabemos, que es nada, pero que dice también sobre la esperanza, esa palabreja que atesora Jhonny desde su burladero/fachada, que es sobre lo que ignoramos, que es todo. Hasta que tropieza y Jhonny de bruces se da un “golpe de suerte”.
El trabajo de Barra del Silencio con Luís Correa, bajo la dirección de María Teresa Llano en la obra UFF… SIN ALIENTO, me permitió vivir un Universo en el que estamos tan sumergidos que dejamos de ver, y que en la piel y el sudor de Correa, Jhonny toma vida para darnos cuenta que, a veces, o somos un Jhonny o somos vecinos de un Jhonny.
Esta propuesta íntima, donde la escenografía principal puede ser la fachada de mi casa, donde hay toda una dramaturgia del actor interactuando con una partitura de silencios concatenados finamente con el gesto, es una propuesta que más para verla, es para vivirla.
Y no puedo dejar de anotar que en algún momento y no sé por qué razón, cuando vi la propuesta de Barra del Silencio sobre una fachada y atravesada por un personaje como Jhonny y su “Sombra” como única compañía, se me antojó algún intento telúrico de naturaleza real o ficticia, provocado por todo aquello que se recoge minuto a minuto hasta deshilvanar las costuras de la existencia y que al final de la puesta, cayera la fachada y apareciera: “Ahí tienen su hijueputa casa pintada”; no sé, pero esta frase que aparece al final de la película de Cabrera tiene algo de triunfo amalgamado con la desolación, una sensación parecida a la que tuve cuando el público aplaudió de pie el trabajo de Correa en UFF… SIN ALIENTO.