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martes, 10 de mayo de 2016

AHORA QUE LA DRAMATURGIA SON TANTAS COSAS, ¿DÓNDE ESTÁN LOS DRAMATURGOS? *

“Un hombre inculto puede lograr éxitos escribiendo para teatro; un hombre culto también, pero a condición de que sepa olvidarse de su cultura.”
Enrique Jardiel Poncela

A modo de advertencia, este texto se origina por una desazón existencial tras la inexistencia casi [adverbio que salva de lo absoluto], casi total de dramaturgos en esta Medellín tan vanguardista y contemporánea en el campo teatral [sic], punto.
Abreviación que le avisa o le evita al respetado lector, un sufrimiento del que no tiene que hacerse cargo y que finalmente logré desatascar a modo de paliativo ante la obvia y llana realidad tecleando este apunte que resultó después de escarbar en esta “ciudad teatral” y encontrarme con muy pocos y reales dramaturgos/as, y suma al desconcierto que de estos pocos y reales dramaturgos son aun pocos los que tienen su obra en la escena, excepto por quienes dirigen y/o actúan sus propios textos porque a lo mejor nadie más que ellos mismos los hacen sentirse tan vivos creando sus propios monstruos y doncellas, porque nadie más que ellos mismos pueden fabular y traicionar sus propios miedos, nadas y olvidos, porque nadie más que ellos mismos saben cómo sobrevivir a “su” realidad, ¿nadie más que ellos mismos?
            Entonces, sí hay dramaturgos ¡claro!, los mismos tres o cuatro de siempre [algunos Maestros vivos con migas de olvido en sus hombros] y dos o tres que hace poco están sorteando las pugnas y controversias inherentes a este quehacer; y es que en esta ciudad hace falta más de aquel dramaturgo que como Borges escriba porque siente que cumple una función necesaria para sí mismo porque si no escribe sentiría desventura y remordimiento o que sencillamente como Ionesco, escriba porque se dio cuenta de que la santidad no le es accesible, por lo que decide ser escritor y despreciar los arquetipos literarios, sin embargo, el dramaturgo aún discrepa con el paisaje en el que ya son consustanciales los poetas, los cuentistas y los novelistas, por ejemplo; por lo que me pregunté: ¿y sí no son “dramaturgias” lo que ponen en la escena los más de treinta grupos de las artes escénicas que transitan y habitan esta “ciudad teatral”, entonces, qué es? A lo que me respondí un “por supuesto que son dramaturgias”, pero todavía gravitando alrededor de limitados modelos dramatúrgicos, arquetipos soportados bajo figuras como la adaptación o la versión libre de novelas, cuentos, poesías, biografías o re-escrituras dramatúrgicas de obras creadas por otros dramaturgos como Miller, Müller, Liddell, Chejov, O’Neill, Shakespeare, Pirandello, Brecht, Gambaro y un largo etcétera en el que he visto a propios y extraños zambullirse buscando qué propuesta llevar a la escena ¡qué no está mal! Pero, ¿Y “nuestros” dramaturgos? ¿Si hay y están escribiendo por qué sus obras no hacen parte de la cartelera teatral? ¿Qué están escribiendo? Pregunto por aquellos que como Fonseca en su ejercicio de escribir, sólo escribir, se descubren a veces aburridos, desesperados y siempre fatigados, perseverando porque es difícil abandonar un trabajo cuyo aprendizaje exige tanto tiempo y esfuerzo, ¿o será por esto que no los hay tanto?   
Puede ser verdad que ahora el teatro esté amurallado [en el buen sentido de la palabra] por las más diversas, polisémicas y experimentales dramaturgias, tras reconocer grafías cinestésicas y trazos sinestésicos como parte fundamental en este arte, oficio y técnica de urdir universos para el aquí y el ahora del acontecimiento teatral [“verdad” que no es tan nueva si, al menos, tenemos en cuenta a Artaud, que concibe la escena misma como punto de partida y no como un lugar de simple imitación o transcripción], destrozando en microscópicos fragmentos aquella unidad léxica compuesta por uno o varios sonidos articulados con un significado [muchas veces desalojado y nómada si consideramos que “representar” es “desplazar”] para una primera concepción de la escena: la palabra, de la que apenas queda vestigios en semióticas corporales [dramaturgia del actor], mixturas contemporáneas en las que convergen/divergen los más insospechados sucesos [dramaturgia del director], estructuras de fácil vulneración y de provocadoras transgresiones  deviniendo teatralidad [dramaturgias de grupo, escenográficas, luminotécnicas, de vestuario, musicales o espacios no convencionales] y celebro todo este laboratorio de la teatrología surgido por la interacción de teatristas y teóricos, pero, y los escritores de teatro, es decir, los dramaturgos propiamente dichos en la antigua acepción restrictiva del término: autores que crean sus textos antes e independientemente de la labor de dirección o actuación a los que apunta Dubatti y por los que en mí anida esta desazón existencial por la casi inexistencia de dramaturgos propios en la cartelera teatral de nuestra ciudad, entonces, puede ser que sí hayan muchos dramaturgos, puede ser que lo que pasa es que no hay apoyo por parte de los grupos de teatro, puede ser… 

* Texto escrito para CUARTA PARED    @pcuartapared
http://programacuartapared.com/index.php/leer/item/46-donde-estan-los-dramaturgos-opinion-mario-sanchez

jueves, 3 de marzo de 2016

ESTA NO ES SÓLO UNA INVITACIÓN PARA IR A TEATRO

“Es, pues, el arte una actividad de liberación. ¿De qué nos libera? De la vulgaridad.
Yo no sé lo que tú pensarás, lector; pero para mí vulgaridad es la realidad de todos los días.”
José Ortega y Gasset

¿A dónde ha ido a parar el público que era capaz de discriminar y elegir? Es una pregunta que, aunque endosada a Bukowski, nos la hacemos todos los que estamos vinculados en la oferta del arte: el escritor por el lector, el músico por su audiencia, el cine y el teatro por sus espectadores, y estamos de acuerdo que es una pregunta egocéntrica, aunque como creadores somos conscientes de que hay obras que hacemos para el público y hay obras que hacen su propio público; Duchamp decía que contra toda opinión, no son los pintores sino los espectadores quienes hacen los cuadros, buena observación, si tenemos en cuenta que el público es más agudo y perspicaz de lo que él mismo cree, aunque hay quienes sugieren no decírselo porque se haría más acerado en su apreciación y crítica, algo que estaría bien, ser crítico, migaja que lamentablemente ha venido perdiendo, haciendo que de igual forma el arte se esté alojando en la complacencia, a todas luces un arte carente de osadía creativa.


Pero no nos vayamos lejos y no dilapidemos el hecho de que usted ha llegado hasta esta línea, por lo que le invito a interpelar su cercanía con el arte. Ante la pregunta de Bukowski podríamos decir que el público/espectador está en todas partes y no tendríamos que leer la obra de Ortega y Gasset para inferir que el espectador ante una manifestación artística llega y pasa, trastoca las ambiciones del creador, hace que todo ante él se estremezca y oscile, trasmute y huya, se renueve, permute y emigre. En tanto la obra inerme en un torrente de tiempo, busca sobrevivir a la excesiva precisión con que el lenguaje contemporáneo la galvaniza hasta el paroxismo con abstracciones técnicas y conceptuales, no tanto para evitar su desaparición, sino para aderezar su caída en la sosería mercantilista o en esta pequeña capital en la que hay tanto Magíster en el arte dramático o de la representación teatral, ¿dónde están haciendo teatro? Simple pregunta retórica.



¿Y qué sobre discriminar y elegir? Dígame quién no ha tenido situaciones en las que por vivir un buen momento prescinde de la sensatez o circunstancias en las que se resiste a no perder la lucidez a cambio de sobrevivir a un posible buen momento, quién no, sin embargo, y ya sea hacia uno u otro donde apunte nuestro deseo, nos tenemos que confrontar con una realidad coyuntural e ineludible: hay que tomar una decisión, y lo más difícil al tomar una decisión [además de tener que tomarla] es que sobre lo que vamos a decidir no tenemos ni idea, razón por la que en muchas ocasiones nuestra determinación queda al margen del marketing desarrollado por el comercio electrónico, ventas por Internet, redes sociales o el aún sobreviviente voz a voz, ya desahuciado por el Whatsapp, ahora, si hay personas que lo hacen para discriminar y elegir Presidentes y Gobernadores e incluso para elegir posibles relaciones sentimentales, no se va a usar para discernir y elegir, por ejemplo entre ir a teatro o a cine. Así que yo le pregunto a usted, ¿hace cuánto no va a teatro o a cine? Y podría preguntar por su última visita al museo o su último concierto, pero es que el teatro y el cine son tan cercanos como que uno está al extremo del cordón umbilical del otro, bastaría recordar el trabajo del ilusionista y cineasta Georges Méliès con su puesta en escena llena de trucajes, sobreimpresiones y sistemas mecánicos como si de una Deus ex machina se tratara; puesta en escena a la que Méliès le suma un bioscopio, aparato parecido al Cinematógrafo de los hermanos Lumière, como único “espectador” de esa vulgaridad a la que alude Ortega y Gasset, y que es con el que, por un error fortuito, descubre lo que llaman en el cine paso de manivela, la base del cine de animación , y lo que para mí es la primera aleación entre el cine primigenio y el teatro milenario, para muchos es polvo adherido a la tinta seca de la Historia, así de cercanos son para mí el teatro y el cine.

Pero la pregunta es: ¿Qué es lo que tengo que discernir para elegir como espectador si ir a cine o a teatro? Sabemos que son lenguajes diferentes que siguen de forma obstinada cotejándolos, equiparándolos, equivocadamente los siguen midiendo longitudinalmente con la misma escuadra. Yo voy a proponerle una respuesta que no tiene características de indivisa e imparcial, sobretodo porque yo vivo por y para el teatro, además, soy de los que tienen en cuenta que nadie está obligado al arte en general ni al teatro en particular ni a su gusto por él, que el teatro o cualquier manifestación artística, está hecho para ser amado u odiado y no necesariamente para ser comprendido, y podría decir lo mismo del cine.

La respuesta: El prejuicio. El prejuicio es lo que tengo que desollar, lo que tengo que escoriar, ulcerar, obligándome a su despojo, creo que tenemos que prescindir del prejuicio, que en su sentido más reducido es aquel comentario u opinión sin argumentos, el prejuicio es el trebejo más usado para poner bajo nuestro control aquellas obras que creemos que tenemos que comprender.

El prejuicio pone contra el paredón al cine y todavía más al teatro, los pone si no en el paredón en un cadalso que gravita entre argucias o artimañas académicas y conceptuales que estrangula la contemplación platónica en la búsqueda de realidades superiores, y digo que más al teatro que al cine porque el cine en esta urbe tiene mejor recibimiento y eso que si es local tiene otro tinte y bien desteñido, por ejemplo y especulemos, hay quienes les gusta las películas sobre la guerra, nada más este año 2016 en la nominación a mejor película de habla extranjera en los premios Óscar, compiten con la película colombiana El abrazo de la serpiente (2015), una sobre el holocausto nazi, Son of Saul (El hijo de Saúl, 2015) de Hungría y otra sobre el conflicto de Afganistán, Krigen (Una guerra, 2015) de Dinamarca, y podríamos pensar en otros títulos que no necesariamente están tildados por los premios Óscar, sino por el Oso de oro en Alemania o los Premios Goya en España o los Ariel en México, ¿conocía estos premios? Es a lo que me refiero con el prejuicio, ¿antes de la nominación a los Óscar había visto o tenía pensado ver la película de Ciro Guerra?

Ahora, ya hablando de teatro, que si es local tiene otro tinte y bien desteñido, por ejemplo y especulemos, si a usted le gusta el cine sobre la guerra sepa que hay teatro sobre el conflicto armado en Colombia, ha visto, por ejemplo el trabajo que hace Victoria Valencia y su grupo La mosca negra en Cindy, la niña que no pudo ver la próxima salida del sol o el trabajo de Félix Londoño con El Trueque y su versión de Antígona, El insepulto o yo veré qué hago con mis muertos, sepa excusarme, pero vio el trabajo de John Viana con Elemental Teatro basado en un poema de la polaca Wisława Szymborska, De la muerte sin exagerar o un cielo bajo tierra, finalmente, ya vio La casa grande del Matacandelas bajo la dirección de Cristóbal Peláez, propuesta basada en la obra homónima escrita por Álvaro Cepeda Samudio...

No sé cuántas salas para proyección de cine hay, pero basta saber que el 90% están en centros comerciales y que es su programación tan variada como la de teatro que tiene alrededor de 25 salas en la que cada una puede presentar, además de su propio grupo – porque la mayoría lo tiene –, grupos “sin sala” que llegan de todas partes de la ciudad y del país.

Esta no es sólo una invitación para ir a teatro, pero puedo poner sobre la balanza todo tipo de diferencias semióticas y semiológicas, filosóficas e ideológicas incluso diferencias tecnológicas y la oferta en la cartelera del teatro local rompe a trozos pequeños la cartelera de cine, si nos despojamos del prejuicio.

Les aseguro que disfruté tanto como ustedes cuando vi Monsters, Inc. (2001) o Buscando a Nemo (2003) o Del revés (Inside Out, 2015) que llamaron Intensa-mente, pero ¿ya conocen el trabajo de Manicomio de muñecos o el de La Fanfarria o Barra del silencio?

¿Les gustó Agosto (2013) película sobre el conflicto de la familia Weston, protagonizada por Meryl Streep y Julia Roberts, entre otros? Pues, tendrían que ver la propuesta de la Compañía Teatriados, Comedia salvaje, lo importante es que estemos todos juntos. Y como en el cine en el teatro encontramos suspense, comedia, drama, animación.

Esta es una invitación para que nos despojemos del prejuicio por lo que tendríamos más ángulos y planos diferentes para discriminar y elegir sobre cualquier experiencia que queramos tener libremente.
La ignorancia está menos lejos de la verdad que el prejuicio, Diderot.

Lo que sí es indubitable es que el teatro imperturbable en su esencia dionisíaca es ritual, a diferencia de la imagen digital que se repite ad infinitum.
El teatro sabe y entre más teatro más convulsiona bajo nuestros pies, vivo.

Artículo publicado originalmente para CUARTA PARED
http://programacuartapared.com/index.php/inicio