sábado, 28 de mayo de 2016

Desde el umbral de un "paraíso"

EXPRIMIDO TEATRAL

Obra de teatro:
Terrenal. Pequeño misterio ácrata.

Dirección y dramaturgia:  
Mauricio Kartun.
Interpretan:
Claudio Da Passano. Claudio Martínez Bel. Claudio Rissi.
Lugar:
Teatro del Pueblo.

Función:
Jueves 28 de Abril – 2016. 8:00 pm
  
 Este comentario no es sobre una obra escrita y dirigida por Mauricio Kartun, uno de los dramaturgos más reconocidos de Argentina, que por los días en que fue estrenada [20 de septiembre del 2014] sumaba a su colección de reconocimientos el de El Gran Premio de Honor de Teatro de Argentores, el Konex al Mérito y el Profesorado Honoris Causa, por la UBA, no; tampoco es sobre el trinomio de “Claudios” que aparecen en el programa de mano uno detrás del otro como los actores, y que después de ver la pieza dejan una sensación [subjetiva de cabo a rabo] de excepcional actuación. Menos puedo escribir sobre esa densidad poética puesta en una exuberante teatralidad porque, en palabras del mismo dramaturgo: “El lenguaje tiene un límite y las posibilidades del teatro sobre el lenguaje son limitadas.”

         Menos aún, voy a contar que la historia es una reinterpretación de la parábola bíblico/fratricida: “Los Hermanos Caín y Abel”, donde, en este caso, Caín es un productor de morrones o pimientos y creador del sistema de pesos y medidas, usurero y capitalista; frente a un Abel, conformista y sedentario que sobrevive de la pesca de isocas o gusanos que vende a los pescadores del Tigris, y cuando no pesca se da al ocio.

Una historia en la que estos dos seres comparten un Paraíso Terrenal, sobreviviéndose a sí mismos y entre ellos, hasta que llega Tatita [una especie de Godot que sólo los deja esperando veinte años] sacado de la cultura gaucha con variedad de acentos, a veces norteño y otras veces santiagueño, con una actitud de patrón y hedonista como Dios mandaría, provocando una incontenible [y para mí inexplicable] hilaridad en el público; para así llegar a cumplir con la parábola y cerrar con el ya conocido asesinato de Caín a Abel.

         Sobra escribir, por ejemplo, que este “cachivache bíblico” – en palabras del autor –, fue puesto en los suburbios litorales de una Buenos Aires respirada por allá en los años cincuenta del siglo XX, pues, no tiene relevancia; como también pasaría por ser un simple comentario decir que la fuerza del texto está puesta en un juego interminable de metáforas que devela chispas dialécticas rimbombantes filtrando la memoria y el imaginario del espectador bonaerense; que todo es una exhibición retórica de vocablos y modismos locales haciendo de la obra una propuesta contemporánea apoyada en el viejo humor de balneario puesto en el virtuosismo decadente de dos payasos [¿Laurel y Hardy? ¿Vladimir y Estragón?] desgastados por su insinuada rutina de circo pobre.

Igualmente me excedería en lo obvio si escribo sobre una escenografía que da cuenta de un típico retablillo destartalado haciendo claro énfasis de una metateatralidad, tópico barroco basado en la teoría aristotélica; o sobre la utilería y el vestuario, todo en un mismo tono (?) de color negro sin desgaste, exceptuando uno que otro elemento de utilería; pero puede ser que el negro prima en la obra al estar “hablando” de esa nada muerta que emerge tras el fratricidio cometido por Caín y luego su condena de errante o apátrida impuesta por ese dios gaucho; o tal vez es ese silencio eterno, sin futuro y sin esperanza, del que habla Kandinsky.
Finalmente no tenga nada qué decir, y es que ver una obra de teatro, mirarla, observarla con sumo detalle, no trae por certeza que vas a conectarte con ella y menos que habrá una infalible empatía, y no está mal porque hace parte de mi derecho como espectador, por lo que en esta ocasión opté por aburrirme hasta el agobio, pues, por más esfuerzo que hice, la propuesta me puso siempre al margen de ese universo popular, pampeano o del singular folclor bonaerense que, según los que saben, es lo que logra la redondez [así, con esa palabra] de la voz dramática que propone Kartun en esta obra y que no alcancé a escuchar, ni a ver, desde desde el umbral teatral en el que la propuesta obliga cruzar y que sería la entrada a ese Paraíso Terrenal; no cabe duda que Kartun con manos de orfebre pone sobre la escena y da a sus actores singulares características dramatúrgicas fabricadas para "el pueblo" con un vocabulario de aparente posibilidad intelectual y de intereses altamente patrióticos que, por mi ser forastero creo yo, no logré sobrellevar completamente ¿Es una dramaturgia parcial? Por supuesto, pero es un problema que sólo buscaría resolver el foráneo  [si la (a)puesta escénica no propone múltiples diálogos con el público], el extranjero e incluso el propio de estas tierras si no conoce la historia de sus tatarabuelos.
Terrenal. Pequeño misterio ácrata, es una de esas propuestas que te obliga como espectador a conocer antes de verla, antecedentes y contextos Históricos, porque de otra forma no es posible participar de la transmutación estética en ningún momento, y no creo que sea ignorancia por parte del espectador ni arrogancia por parte del dramaturgo/director, sino que, finalmente, cada espectador ve lo que quiere ver y escuchar lo que quiere escuchar como cada dramaturgo/director escribir y poner en escena lo que quiere decir y mostrar.

2 comentarios:

  1. Mario! Super interesante esa experiencia que tuviste. En mi caso, forastera también, pude conectar con la obra a pesar de perderme los chistes localistas. Disfruté como niña de la relación entre los dos clown y, como espectadora más crítica, me conecté con el trasfondo filosófico de ese gran teatro del mundo (o entremés, como dicen en la obra) que somos y esas dos fuerzas que siempre están en pugna. Pero, como dicen por ahí "pa los gustos, los colores". Abrazos. Ingrid

    ResponderEliminar
  2. ¡Gracias!
    Gracias por tu comentario, Ingrid, fortalece mi apreciación.
    Abrazo de vuelta.

    ResponderEliminar