EXPRIMIDO
TEATRAL
Directora y autora: Mariela Asensio.
Interpretan: Florencia Ansaldo,
José Joaquin Araujo, Lucía Aduriz, Salomé Boustani, Guillermo Jáuregui, Mario
Mahler, Natalia Olabe, Andrea Strenitz.[1]
Función: Sábado 4 de junio
- 2016
« ¿Alguna
vez te preguntaste en qué se parece lo que soñaste para tu vida con lo que tu
vida en realidad es? ¿Alguna vez te encontraste cara a cara con tu frustración? »
M. A.
Uno podría decir que en Nadie quiere ser nadie (historias de la
clase media), donde Mariela Asensio es la dramaturga, directora y en una
primera temporada actriz de la pieza, los “etiquetados” como “los de la clase
media” no es que no quieran ser nadie, sino que no son alguien porque o quieren
ser como los ricos o no quieren ser como los pobres, es decir, y lo digo en el
sentido más quimérico y artificial que legitima el material utilitarista del
dinero, ser “alguien” en esta “nueva sociedad” del consumo, proclive a infestar
todo con su “obsolescencia programada”, es tener y hacer parte de todo lo que
queremos a cualquier costo, incluyendo dejando de ser uno mismo.
A esta familia de “clase media” la compone
o instituye un padre obsesivo por mantener las apariencias,
«Somos
personas que trabajan. Aprendimos a fuerza de voluntad la importancia del
esfuerzo. Nos auto superamos. Nadie nos regaló nada y todo lo que construimos
es el resultado de una gran convicción. No queremos grandes lujos pero
aspiramos a la dignidad en su más amplio sentido: Capacidad de ahorro. Quince
días en un crucero. Un plasma en cada habitación. Amamos la vida que supimos
construir y por eso nos cuidamos de la inseguridad. Vivimos en comunidad sin
molestarnos. Equilibramos la vida campestre con la urbana. Tenemos solárium,
salón de eventos, cancha deportiva y empleados. Les inculcamos valores a nuestros
hijos para que el día de mañana sean personas de bien.»
una madre que aparenta ser madre y esposa,
que renunció a su sueño de ser maestra para cambiar el tapiz del sofá y renovar
la vajilla; una hija que no sabe si aparentar o ser ella misma, lo que
igualmente ignora,
«No,
no dije eso… quiero decir, si naciste en medio de la prosperidad y la
abundancia,
¿está mal que usufructúes tu realidad existencial en favor tuyo?»
Y un hijo que se fue a estudiar al
extranjero a cumplir los sueños que no puedo realizar en su propia Patria. A
esta familia se suma Maricruz [la única de todo el elenco que tiene nombre
propio y no un simple y manoseado sustantivo], que es la señora que contrata la
familia de “clase media” para asear, cocinar, lavar, limpiar y menguar un poco
la capacidad de humillación en la que se regodea todo aquel con algo de dinero
y poder sin responsabilidad,
« ¿Por
qué será que nos cuesta tanto llamar a nuestras empleadas por su nombre? Y nos referimos
a ellas con títulos como la señora, la chica, la doméstica, la mucama, la muchacha,
la sierva o la sirvienta. No debería existir conflicto alguno a la hora de
hacer alusión a ellas, después de todo tienen nombre como cualquier cristiano
¿o no?»
A este elenco se suman cuatro sustantivos
más: el extranjero,
«No
era nadie allí y no soy nadie aquí. Pero no ser nadie siempre es mejor bien
lejos de los que te quieren ver ganar. Yo no nací para ganar y no hubo modo de que
lo entendieran. No soy bueno haciendo nada en particular pero desde aquí puedo
escribir largos mensajes contando lo bien que me va. Puedo también enviar
fotografías con mi cara sonriente. Construyendo así la imagen perfecta que
todos quieren admirar. Mientras tanto sirvo mesas en un bar, y rezo para que la
propina sea generosa, y rezo también para poder pagar la habitación pero por sobre
todo rezo para poder tener un poco de esperanza. Rezo por una vida mejor. Rezo
por la autorrealización…»
el
empleado de seguridad, la aspirante a actriz y la psicóloga, que en su momento
diría lo que podría ser el resumen ideológico y crítico de la pieza:
«La
clase alta es delgada, la clase baja es gorda y la clase media hace dieta.
Nunca
seré lo suficientemente delgada ni lo asquerosamente cerda.»
El espacio que propone la obra es una casa
de campo que por un efecto de metonimia sólo vemos un sofá fucsia; luego el
espacio cambia al consultorio/apartamento de la psicóloga en el que por el
mismo efecto semántico vemos el mismo sofá del mismo color, pero ahora como un
diván y así, cambian de un lugar de cautiverio a otro por un cambio ilustrativo
de la luz.
El entramado que construye los personajes
parte del arquetipo (sus gestos, sus acentos, sus tonos, su vestuario), una caracterología
propia del rol o papel o función en la pieza que en unos soliloquios
fragmentados los actores parecen dictar al público, excepto por muy pocos
momentos en los que interactúan los actores/personajes o, como en un par de
escenas, Maricruz canta acompañada por El empleado de seguridad, que por
cierto, una de las canciones es Un mundo ideal… y así van cerrando conmigo de
qué va la obra.
Algunas preguntas que en algún momento dice
la directora/dramaturga que se hizo para llegar a esta propuesta, son preguntas
que nos hacemos solapadamente en algunos momentos; en otros momentos
mordiéndonos los labios tratando de atrapar las palabras para que no nos
develen, por ejemplo, la envidia o la curiosidad sobre aquella otra persona que
parece ser más o deseo que sea menos que esto que busco ser y que no puedo pero
que hago el mejor esfuerzo por aparentarlo convirtiéndonos en un globo de helio
igual que esa otra persona, tan vulnerables.
¿Soy lo que tengo? ¿Y esta frustración es
porque me falta algo o porque no tengo lo que dicta el comercio? ¿Esto que
sueño alcanzar nunca se hará realidad? ¿Por qué todo crecimiento es indicativo
de “ascender”? ¿Ser alguien implica tener algo y no tenerlo es ser nadie?
En esta pieza hay una sinceridad con la que
no pretendemos identificarnos al inicio, luego nos va dando vergüenza hasta
caer en un tedio de no querer mirar a la persona que está al lado de la butaca
porque me puede evidenciar el sonrojo (puedo decir que en un 95 % de las
personas que estábamos como público en la función que vi éramos de “clase media”).
En esta pieza dramatúrgica que para mí fue
más expositiva que representativa, hay una verdad para cada espectador que viene
en tintes irónicos y mordaces, en matices y tonos de sarcasmo que develan una
realidad desteñida por estar guardada todo el tiempo a la sombra de las
apariencias, detrás de las puertas, debajo de las alfombras enmohecidas; una
existencia por la que daríamos la vida para que no fuera revelada, pues de
serlo, quedarían en evidencia nuestras más certeras fachadas y todo el
maquillaje barato con el que enmascaramos nuestro auténtico ser se desleiría y
quedaríamos expuestos, no habría nada interesante en nuestros sótanos, ni
pecados por cometer ni cometidos, ni remordimientos por haberle deseado la
muerte a quien nunca seríamos capaz de matar, ni de envidiar la fortuna de
otros por la cual nunca haríamos lo que esos otros hicieron para conseguirla,
ni miedos al fracaso por nunca intentarlo, ni mentiras, incluidas aquellas que
nos decimos a nosotros mismos porque ante la verdad somos frágiles, impotentes
e intolerantes, y no es que nadie quiera ser nadie, sino que “nadie quiere ser
alguien” porque al decidir serlo no se sabría qué ser.
[1]Nota: En la temporada 2015, el rol de la Psicóloga fue interpretado por
Teresita Galimany y el de la Actriz por Anahí Gadda. Hasta abril de 2016, el
rol del Padre fue interpretado por Carlos Juárez.

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