sábado, 30 de julio de 2016

Una luciérnaga llamada Anaïs



EXPRIMIDO TEATRAL
 


Obra: Anaïs.
Dirección y dramaturgia: Eloísa Tarruella.
Lugar: Pan y Arte (Boedo 876).
Función:Sábado 23 de Julio–2016. 8:00 pm            
 




Hay quienes matan la luciérnaga para despojarla de su luz y para cuando caen en la cuenta de su vehemencia propasada, les toca conformarse con la cáscara deshabitada e inanimada de un simple y ordinario insecto o escarabajo, si vamos a  su acepción real; lo mismo pasa, en muchas ocasiones, a quienes adaptan o versionan una obra literaria y que, cuando se trata de transvasamientos fieles, estas usualmente se frustran por una razón tan simple como que al quitarle el oxígeno a la luciérnaga, que es el que al combinarse con una sustancia en su abdomen llamada luciferina produce el efecto lumínico, pierde “su luz”; así mismo por causa de estas migraciones técnicas de la adaptación o versión de una obra literaria a las tablas, se termina poniendo sobre la escena una “lectura melodrámatica en voz alta” (?) en lugar de una “interpretación teatral”.
            Es lo que pasa en Anaïs, una pieza escrita y dirigida por Eloísa Tarruella que trata de reunir con “intrepidez teatral” los diarios [o parte de ellos] de la escritora francesa como pudo ser el de Henry, su mujer y yo. Diario amoroso (1931-1932) – también llamado Henry y June – y posiblemente algún que otro dato de los otros escritos como el aborto puntualizado en Incesto. Diario amoroso (1932-1934); y es que en la simbiosis que puede llegar a cimentarse entre el teatro y la literatura debe, por lo menos, instalar unos dispositivos que vayan más allá de una proyección con vídeo beam o dos espacios que a fuerza de un naturalismo exiguo, ilustran los lugares del acontecimiento escénico.
            Cuando se abren las luces y dan paso a la obra nos encontramos con dos espacios situados simétricamente y en sentido opuesto: a la izquierda del espectador una mesa-escritorio en la que reposa una máquina de escribir con hojas puestas en orden, junto a ésta una lámpara, una cómoda, un sofá y un perchero, fin de lo que sería el espacio de Anaïs y su esposo Hugo; a la derecha del espectador, igualmente, una mesa-escritorio con una máquina de escribir sobre ella y un desorden armado con hojas y otros objetos sin relevancia, al lado una especie de colchón cubierto desordenadamente con mantas que termina por armar lo que sería el espacio de Miller y June.
Por algunos momentos en medio de estos dos espacios y sobre una pantalla pequeña se proyectan algunas imágenes que hacen referencia a la época, 1931/1932, [incluso hay un momento en la obra que vemos al señor Miller trabajando en su novela Trópico de Cáncer publicada esta en 1934], contextualizando claramente aquella París del desenfreno y el libre, pero intelectual pensamiento. En otros momentos sobre este mismo espacio es proyectada una luz roja que trastoca levemente la atmósfera acompañada por algo de jazz y encuentros furtivos entre los personajes.
Ahora, hay poca correspondencia con la época si nos referimos al vestuario o a los elementos escenográficos e incluso, sobre la dirección de los actores [porque un actor o actriz en muchas ocasiones es en la escena, y Anaïs es un ejemplo claro, lo que su director o directora le pide que haga] diría que Tarruella se ocupó más porque el discurso íntimo y personal que hay en las palabras escritas por Anaïs en sus diarios no perdieran su “peso poético” al momento en que los actores interpretaran sus diálogos, logrando así, que la actuación terminara monótona, cansina, distante a cualquier afecto y efecto posible entre el espectador y la escena, dándose de bruces contra lo que parecía la instalación de una obra políticamente incorrecta y desafiante, si tenemos en cuenta la época en la que se deslía la pieza y, todavía más, los diarios de Anaïs Nin en los que se despoja de todo prejuicio como sucede en cualquier diario, y describe su relación con Miller, June y Hugo; y digo que parecía porque Anaïs sólo en sus diarios, que es en lo que Tarruella basa su propuesta, es más que un trío amoroso, pues, en el transcurso de la obra poco sobre el retrato social, político o económico de aquella década de los años treinta. No hay frases fuera de lugar con humor negro e inteligente. No hay asomo alguno de algún acto impúdico por parte de alguno de los “personajes” que parecen hechos para no herir susceptibilidades, algo por lo que Anaïs no creo que haya tenido reparo alguno ni June ni mucho menos un Miller que fue censurado por su narrativa provocativa y rebelde, hundiendo en tinta ácida su pluma al traslucir la mojigatería e hipocresía moral de aquel Estados Unidos.
Una historia muñida, simplificada a las sábanas sudorosas de una infidelidad, aderezada con momentos “eróticos” [nótese las comillas] para que el público espectador, tan viciado ya a las redes sociales, no decidiera encender su celular.
            En Anaïs sucede lo que ya he visto en muchos casos, y es que cuando se lleva a escena un personaje de la “vida real” hay que tener muy presentes los procesos de significación que están dados en el texto escrito y llevarlos a todos los posibles niveles de significación que ofrece la realización de un espectáculo teatral, en otras palabras, hay que “teatralizar” al personaje para librarlo de gestos y movimientos clichés y repetidos; pues, nada más cliché que la vida real, aunque esta supere la ficción en ocasiones como dicta la frase de cajón.
Así mismo, hay que tener presente que más allá del “diario”, que tiene connotaciones de obra no creativa y reflejo de la vida privada, lo que hace difícil su posición dentro de la literatura haciendo que sea sometido a la importancia y suma de los momentos allí narrados, y por un autor especialmente reconocido, el texto literario o dramatúrgico no precisa de su representación para simplemente ser leído, sin embargo, si y sólo si pasa a la escena en un acto de representación adquiere “significación teatral”, incluso, obviando el texto mismo.
            En el texto escrito es innegable que la fuerza está en la palabra, ya sea dramaturgia, novela, poesía o los diarios de Anaïs Nin, como es irrefutable que el brío y la fortaleza en una puesta en escena teatral está en el actor o la actriz y en la construcción de sus acciones físicas y dramáticas llevadas a la confección de imágenes que tejen con atenta fineza la situación dramática, lo que en Anaïs termina siendo una "lectura dramática", una luciérnaga sin su luz.

Trailer obra de teatro: https://youtu.be/HgoX2EthXNE


FICHA TÉCNICA

Elenco:
Florencia Berthold  (Anaïs Nin)
Ariel Núñez  (Henry Miller)
Florencia Naftulewicz (June)
Santiago Pedrero (Hugo)
Producción general: Eloísa Tarruella / Asistente de producción: Meri Lucewicz / Asistente de Dirección: Martina Simeoni / Ayudante de producción: Manuel Clifton / Diseño de luces: Patricia Batlle / Escenografía: Valeria Lía Martínez / Vestuario: Soledad Gaspari /Realización paneles: Martín Fernanández y Lautaro De Vera / Música original: Florencia Albarracín y Juan Matías Tarruella “Láudano en canciones” / Estudio grabación voz off: Iván Espeche / Operador luces: Víctor Chacón / Fotografía fija: Trigo- Gerardi / Foto de back: Federico Vallejos, Patricia Batlle, Meri Lucewicz / Diseño audiovisual y Post de imagen: Patricia Batlle / Animaciones: Gabriel Mosetto /Asistente Iluminación (Audiovisual): Martín Chetti / Maquillaje: Meri Lucewicz / Peinados: Andre Bejarano / Coach de baile flamenco: Eva Iglesias de “Late flamenco” / Diseño gráfico: Matías Lucewicz / Prensa y difusión:  Corre y Dile /
Dramaturgia y dirección: Eloísa Tarruella.

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