EXPRIMIDO
TEATRAL
Obra: Anaïs.
Dirección
y dramaturgia: Eloísa Tarruella.
Lugar: Pan y Arte (Boedo 876).
Función:Sábado 23 de Julio–2016. 8:00 pm
Hay quienes matan la luciérnaga para
despojarla de su luz y para cuando caen en la cuenta de su vehemencia propasada,
les toca conformarse con la cáscara deshabitada e inanimada de un simple y
ordinario insecto o escarabajo, si vamos a
su acepción real; lo mismo pasa, en muchas ocasiones, a quienes adaptan o versionan una obra
literaria y que, cuando se trata de transvasamientos fieles, estas usualmente
se frustran por una razón tan simple como que al quitarle el oxígeno a la
luciérnaga, que es el que al combinarse con una sustancia en su abdomen llamada
luciferina produce el efecto lumínico, pierde “su luz”; así mismo por causa de estas
migraciones técnicas de la adaptación o versión de una obra literaria a las
tablas, se termina poniendo sobre la escena una “lectura melodrámatica en voz
alta” (?) en lugar de una “interpretación teatral”.
Es lo que pasa en Anaïs, una pieza escrita y dirigida por
Eloísa Tarruella que trata de reunir con “intrepidez teatral” los diarios [o parte de ellos] de la escritora francesa como pudo ser el de Henry, su mujer y yo. Diario amoroso
(1931-1932) – también llamado Henry y
June – y posiblemente algún que otro dato de los otros escritos como el aborto
puntualizado en Incesto. Diario amoroso
(1932-1934); y es que en la simbiosis que puede llegar a cimentarse entre el
teatro y la literatura debe, por lo menos, instalar unos dispositivos que vayan
más allá de una proyección con vídeo beam o dos espacios que a fuerza de un
naturalismo exiguo, ilustran los lugares del acontecimiento escénico.
Cuando se abren las luces y dan paso
a la obra nos encontramos con dos espacios situados simétricamente y en sentido
opuesto: a la izquierda del espectador una mesa-escritorio en la que reposa una máquina de escribir con hojas puestas en orden, junto a ésta una lámpara, una
cómoda, un sofá y un perchero, fin de lo que sería el espacio de Anaïs y su
esposo Hugo; a la derecha del espectador, igualmente, una mesa-escritorio con
una máquina de escribir sobre ella y un desorden armado con hojas y otros
objetos sin relevancia, al lado una especie de colchón cubierto
desordenadamente con mantas que termina por armar lo que sería el espacio de
Miller y June.
Por
algunos momentos en medio de estos dos espacios y sobre una pantalla pequeña se
proyectan algunas imágenes que hacen referencia a la época, 1931/1932, [incluso
hay un momento en la obra que vemos al señor Miller trabajando en su novela Trópico de Cáncer publicada esta en 1934],
contextualizando claramente aquella París del desenfreno y el libre, pero
intelectual pensamiento. En otros momentos sobre este mismo espacio es
proyectada una luz roja que trastoca levemente la atmósfera acompañada por algo
de jazz y encuentros furtivos entre los personajes.
Ahora,
hay poca correspondencia con la época si nos referimos al vestuario o a los
elementos escenográficos e incluso, sobre la dirección de los actores [porque
un actor o actriz en muchas ocasiones es
en la escena, y Anaïs es un ejemplo
claro, lo que su director o directora le pide que haga] diría que Tarruella se ocupó más porque el discurso íntimo y
personal que hay en las palabras escritas por Anaïs en sus diarios no perdieran
su “peso poético” al momento en que los actores interpretaran sus diálogos,
logrando así, que la actuación terminara monótona, cansina, distante a
cualquier afecto y efecto posible entre el espectador y la escena, dándose de bruces contra lo que parecía la
instalación de una obra políticamente incorrecta y desafiante, si tenemos en
cuenta la época en la que se deslía la pieza y, todavía más, los diarios de
Anaïs Nin en los que se despoja de todo prejuicio como sucede en cualquier
diario, y describe su relación con Miller, June y Hugo; y digo que parecía
porque Anaïs sólo en sus diarios, que es en lo que Tarruella basa su propuesta,
es más que un trío amoroso, pues, en el transcurso de la obra poco sobre el
retrato social, político o económico de aquella década de los años treinta. No
hay frases fuera de lugar con humor negro e inteligente. No hay asomo alguno de
algún acto impúdico por parte de alguno de los “personajes” que parecen hechos
para no herir susceptibilidades, algo por lo que Anaïs no creo que haya tenido
reparo alguno ni June ni mucho menos un Miller que fue censurado por su narrativa
provocativa y rebelde, hundiendo en tinta ácida su pluma al traslucir la
mojigatería e hipocresía moral de aquel Estados Unidos.Una historia muñida, simplificada a las sábanas sudorosas de una infidelidad, aderezada con momentos “eróticos” [nótese las comillas] para que el público espectador, tan viciado ya a las redes sociales, no decidiera encender su celular.
En Anaïs sucede lo que ya he visto en muchos casos, y es que cuando se
lleva a escena un personaje de la “vida real” hay que tener muy presentes los
procesos de significación que están dados en el texto escrito y llevarlos a
todos los posibles niveles de significación que ofrece la realización de un
espectáculo teatral, en otras palabras, hay que “teatralizar” al personaje para
librarlo de gestos y movimientos clichés y repetidos; pues, nada más cliché que
la vida real, aunque esta supere la ficción en ocasiones como dicta la frase de cajón.
Así
mismo, hay que tener presente que más allá del “diario”, que tiene
connotaciones de obra no creativa y reflejo de la vida privada, lo que hace
difícil su posición dentro de la literatura haciendo que sea sometido a la importancia
y suma de los momentos allí narrados, y por un autor especialmente reconocido,
el texto literario o dramatúrgico no precisa de su representación para simplemente
ser leído, sin embargo, si y sólo si pasa a la escena en un acto de
representación adquiere “significación teatral”, incluso, obviando el texto
mismo.
En el texto escrito es innegable que
la fuerza está en la palabra, ya sea dramaturgia, novela, poesía o los diarios
de Anaïs Nin, como es irrefutable que el brío y la fortaleza en una puesta en
escena teatral está en el actor o la actriz y en la construcción de sus
acciones físicas y dramáticas llevadas a la confección de imágenes que tejen
con atenta fineza la situación dramática, lo que en Anaïs termina siendo una "lectura dramática", una luciérnaga sin su luz.
Trailer obra de teatro: https://youtu.be/HgoX2EthXNE
FICHA
TÉCNICA
Elenco:
Florencia
Berthold (Anaïs Nin)
Ariel
Núñez (Henry Miller)
Florencia
Naftulewicz (June)
Santiago
Pedrero (Hugo)
Producción
general: Eloísa Tarruella / Asistente de producción: Meri Lucewicz / Asistente
de Dirección: Martina Simeoni / Ayudante de producción: Manuel Clifton / Diseño
de luces: Patricia Batlle / Escenografía: Valeria Lía Martínez / Vestuario:
Soledad Gaspari /Realización paneles: Martín Fernanández y Lautaro De Vera /
Música original: Florencia Albarracín y Juan Matías Tarruella “Láudano en
canciones” / Estudio grabación voz off: Iván Espeche / Operador luces: Víctor
Chacón / Fotografía fija: Trigo- Gerardi / Foto de back: Federico Vallejos,
Patricia Batlle, Meri Lucewicz / Diseño audiovisual y Post de imagen: Patricia
Batlle / Animaciones: Gabriel Mosetto /Asistente Iluminación (Audiovisual): Martín
Chetti / Maquillaje: Meri Lucewicz / Peinados: Andre Bejarano / Coach de baile
flamenco: Eva Iglesias de “Late flamenco” / Diseño gráfico: Matías Lucewicz /
Prensa y difusión: Corre y Dile /
Dramaturgia y dirección: Eloísa Tarruella.

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